Archive - septiembre 2009

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Codicia
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¡Verde, que te quiero verde!
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Opinión propia

Codicia

Este sábado se presenta en la localidad Alicantina de Alfaz del Pí una ponencia de Margrete Auken, eurodiputada del Parlamento Europeo en Bruselas, sobre «El futuro desarrollo urbanístico en la Comunidad Valenciana y como nos afecta». Ella fue la persona que encabezó las misiones de la Comisión Europea para investigar los desmadres de nuestro urbanismo salvaje.

Sus conclusiones no tienen desperdicio. Cuenta la Sra. Auken que, durante las visitas de los parlamentarios europeos, algunos de nuestros políticos -ebrios de arrogancia- les recibían sentados codo con codo con promotores inmobiliarios. Ni siquiera les dio vergüenza que, a la vista de todos, les uniera un cordón umbilical con los dirigentes de la construcción.

Todas las Administraciones, la central, las autonómicas y las locales, han sido responsables de haber puesto en marcha un modelo de desarrollo expoliador basado únicamente en la construcción dañando de forma irreversible nuestro litoral y generando un stock de viviendas inasumible para nuestro sistema financiero.

Los políticos (de todos los signos ideológicos) que dirigían nuestros gobiernos han conspirado, se han puesto de acuerdo para disfrutar de las suculentas recalificaciones de suelo, y ante las acusaciones de corrupción, han optado por guardar silencio. Juegan a confundir a la ciudadanía presentando torticeramente como culpables de la quiebra del sector de la construcción a los que denuncian la codicia y la depredación; a los que piden a los gobernantes implicados que lleven a cabo una profunda revisión de toda esta legislación que favorece la especulación; a los que exigen suspender y revisar todos los planes urbanísticos que no respetan los criterios de sostenibilidad medioambiental. Saqueo, codicia sin límites y encima, ¿pretenden la impunidad? Decía Sófocles que «Un Estado donde queda impune la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo».

¡Verde, que te quiero verde!

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En Altea se celebra este fin de semana la segunda edición de Ecoaltea, una gran feria ecológica con mas de 100 actividades gratuitas para disfrutar en familia. El año pasado esta feria despertó un interés inusitado con más de 10.000 visitantes. Lo significativos que ese éxito no fue un hecho aislado, sino que representa una tendencia ascendente de todo «lo verde».
Ya sabemos que hay mucho escéptico que se empeña en negar el cambio climático aunque se le derrita el polo norte bajo los pies. Pero muchos otros ciudadanos, de todo tipo de ideología política, asisten preocupados al proceso de destrucción de nuestro entorno y se sienten impotentes porque no saben lo que se puede hacer.
Lo que todos intuimos es que proteger nuestro hábitat es posible y depende únicamente, de la voluntad política de nuestros gobernantes.
Por eso en las elecciones europeas los ciudadanos reaccionaron y han apoyado a los partidos verdes, subiendo en el Reino Unido, en Alemania y arrasando en Francia con un 16% de los votos donde han igualados los socialistas.
En España permanecemos de momento ajenos a esta revolución verde porque aquí el movimiento ecologista persiste en su intento de presentar decenas de candidaturas por separado, la mayoría de ellas impregnadas de cargas ideológicas que poco tienen que ver con la ecología.
Lo verde, de momento, es usado como un comodín que da buena imagen para adornar distintas siglas políticas.
Para que Los Verdes despeguen en nuestro país haría falta que se presenten unidos y sin otros aditivos ideológicos. Solo así podrán ampliar su base de votantes lo suficiente para poder influir de una vez en las decisiones políticas que atañen directamente a nuestra propia supervivencia.

Opinión propia

ACABO de salir del Pleno de este mes en el que participo como concejala y, como siempre, con la sensación de haber malgastado mucho tiempo. Es como una obra de teatro mala con un final escrito «a priori».

Las sesiones plenarias de los ayuntamientos y, en general, los debates parlamentarios de este país son el resultado de una degeneración de la democracia, en la que los partidos políticos han secuestrado la opinión propia de sus cargos electos porque estos se deben a la disciplina de voto.

Todos llevan su discurso preparado con anterioridad. Nadie espera debatir, escuchar ni mucho menos ser convencido por ningún argumento por muy razonable que sea. Votar en contra de lo que dicta el partido haría temblar los cimientos de la partidocracia y, de paso, haría tambalear su puesto; a eso hay que sumar las sanciones disciplinarias previstas por los estatutos de los partidos.

Observo con envidia democracias más antiguas, particularmente en el mundo anglosajón, que disfrutan de listas abiertas. Ahí no conciben usurpar a los cargos electos, su independencia y su derecho a votar en conciencia. Eso permite enfrentarse a un debate sin tantas ideas preconcebidas y nos deja incluso (¡oh, traición!) cometer el pecado de cambiar de opinión.

Es un clamor que la distancia entre la ciudadanía y la clase política es cada vez mayor. En gran medida se debe a que el concejal, el senador o el diputado, está sometido al órgano directivo de su partido en lugar de al elector que le votó, y acaba anteponiendo los intereses del partido a los intereses generales de la ciudadanía.

Existe otra manera de hacer política. Se puede rivalizar sin atacar de manera tan previsible y contumaz al oponente. La democracia no consiste en aplastar al adversario sino más bien en conseguir acuerdos. Pero el sistema tendrá que dejarnos debatir, argumentar y convencer, tener en fin una opinión propia, una opinión libre, una opinión inteligente.

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