Archive - octubre 2010

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Revista Ana Rosa Quintana: 3 mujeres crean un partido político
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Mario Conde, una vida extrema
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Parto con dolor

Mario Conde, una vida extrema

MARIO CONDE, una vida extrema. Hace unos días tuve la oportunidad de visionar un premontaje de un documental sobre Mario Conde y me quedé muy sorprendida.

Lo que más me sorprendió fue lo “extremo” de todo lo acontecido en su vida: el estudiante más brillante obteniendo la nota más alta de la historia de la abogacía del Estado, el artífice de la operación económica más importante de los años 80, a través de la venta de la empresa de su amigo y mentor Juan Abelló, lo que le hizo inmensamente rico; y el presidente más joven del mayor banco español de entonces, Banesto.

Íntimo de la Casa Real, fue un icono a imitar para toda una sociedad hasta que, de repente, su figura se desmorona como un castillo de naipes: intervienen el banco, le meten en la cárcel -hasta sumar 14 años en situación de preso-. Pero la auténtica tragedia aparece el mismo año en que, por fin, queda libre. Porque ese año, la mujer que había permanecido a su lado durante 34 años con una entereza y lealtad a prueba de bomba, fallece de un tumor cerebral a los 52 años.

Aunque trágico, todo podría ser fruto de sus propios errores o de su desmedida ambición. Pero después de escuchar su relato, y sobre todo el que hace Luis María Anson en la película, surgen muchas, muchísimas dudas sobre la perversidad del poder.

Hace poco hemos visto como en lugar de intervenir los bancos que han tenido problemas –como hicieron con Banesto- les han ayudado a base de inyectar dinero público, es decir, dinero de todos nosotros ¿Y si lo que le ocurrió con Banesto no fue más que una maniobra para quitarse de encima a un competidor ?

Espero que no, porque de ser así, qué injusta sería la vida, y sobre todo, qué siniestra sería la clase política de este país.

Parto con dolor

Alicia es una gran amiga rematadamente inteligente que está embarazada de cinco meses.

Le pregunté que donde iba a dar a luz y me respondió que en el Hospital de Villajoyosa de la provincia de Alicante. Cuando quise tranquilizarla sobre lo indoloros que resultan los partos de hoy en día me respondió desconcertada : «¡Eso dependerá de la hora!». «¿Cómo que dependerá de la hora?» Interpelé.

«Que sí, que solo ponen anestesia epidural de ocho de la mañana a nueve de la noche», me contestó. Al principio creí que era una broma, pero resultó ser cierto. Aún peor, descubrí que en otros hospitales como el de Elche, las mujeres parturientas solo pueden dar a luz sin padecimientos innecesarios unas cuatro horas al día. Las demás, a parir con dolor como Dios manda. Y todo esto, con la complacencia y el beneplácito de toda nuestra sociedad y de las propias mujeres que no montan -y deberían- una revolución a las puertas del hospital.

Hay montañas que resultan difíciles de escalar. Problemas tan enquistados y endémicos, que nos abruman y no sabemos por donde empezar para darles solución. Todo el mundo entiende que resulta complicado superar el hecho de que, constituyendo las mujeres la mitad de la población mundial, recibamos únicamente una décima parte de su renta y seamos propietarias de menos del 1% de los bienes. Tampoco es fácil resolver, por ejemplo, que la mayor parte de las personas pobres, hambrientas y analfabetas del planeta, sean mujeres y niñas.

Lo que ya no podemos ni debemos aceptar es que no se resuelvan problemas abordables en el día a día de un hospital de un país occidental. Suministrar anestesia a quién tiene dolor debería ser una cuestión de obligado cumplimiento ¿O es que alguien cree, que si fueran los hombres los que dieran a luz, la epidural no se proporcionaría a todas horas del día y de la noche?

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