Archive - 27/10/2010

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Mario Conde, una vida extrema
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Parto con dolor
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Saber es poder

Mario Conde, una vida extrema

MARIO CONDE, una vida extrema. Hace unos días tuve la oportunidad de visionar un premontaje de un documental sobre Mario Conde y me quedé muy sorprendida.

Lo que más me sorprendió fue lo “extremo” de todo lo acontecido en su vida: el estudiante más brillante obteniendo la nota más alta de la historia de la abogacía del Estado, el artífice de la operación económica más importante de los años 80, a través de la venta de la empresa de su amigo y mentor Juan Abelló, lo que le hizo inmensamente rico; y el presidente más joven del mayor banco español de entonces, Banesto.

Íntimo de la Casa Real, fue un icono a imitar para toda una sociedad hasta que, de repente, su figura se desmorona como un castillo de naipes: intervienen el banco, le meten en la cárcel -hasta sumar 14 años en situación de preso-. Pero la auténtica tragedia aparece el mismo año en que, por fin, queda libre. Porque ese año, la mujer que había permanecido a su lado durante 34 años con una entereza y lealtad a prueba de bomba, fallece de un tumor cerebral a los 52 años.

Aunque trágico, todo podría ser fruto de sus propios errores o de su desmedida ambición. Pero después de escuchar su relato, y sobre todo el que hace Luis María Anson en la película, surgen muchas, muchísimas dudas sobre la perversidad del poder.

Hace poco hemos visto como en lugar de intervenir los bancos que han tenido problemas –como hicieron con Banesto- les han ayudado a base de inyectar dinero público, es decir, dinero de todos nosotros ¿Y si lo que le ocurrió con Banesto no fue más que una maniobra para quitarse de encima a un competidor ?

Espero que no, porque de ser así, qué injusta sería la vida, y sobre todo, qué siniestra sería la clase política de este país.

Parto con dolor

Alicia es una gran amiga rematadamente inteligente que está embarazada de cinco meses.

Le pregunté que donde iba a dar a luz y me respondió que en el Hospital de Villajoyosa de la provincia de Alicante. Cuando quise tranquilizarla sobre lo indoloros que resultan los partos de hoy en día me respondió desconcertada : «¡Eso dependerá de la hora!». «¿Cómo que dependerá de la hora?» Interpelé.

«Que sí, que solo ponen anestesia epidural de ocho de la mañana a nueve de la noche», me contestó. Al principio creí que era una broma, pero resultó ser cierto. Aún peor, descubrí que en otros hospitales como el de Elche, las mujeres parturientas solo pueden dar a luz sin padecimientos innecesarios unas cuatro horas al día. Las demás, a parir con dolor como Dios manda. Y todo esto, con la complacencia y el beneplácito de toda nuestra sociedad y de las propias mujeres que no montan -y deberían- una revolución a las puertas del hospital.

Hay montañas que resultan difíciles de escalar. Problemas tan enquistados y endémicos, que nos abruman y no sabemos por donde empezar para darles solución. Todo el mundo entiende que resulta complicado superar el hecho de que, constituyendo las mujeres la mitad de la población mundial, recibamos únicamente una décima parte de su renta y seamos propietarias de menos del 1% de los bienes. Tampoco es fácil resolver, por ejemplo, que la mayor parte de las personas pobres, hambrientas y analfabetas del planeta, sean mujeres y niñas.

Lo que ya no podemos ni debemos aceptar es que no se resuelvan problemas abordables en el día a día de un hospital de un país occidental. Suministrar anestesia a quién tiene dolor debería ser una cuestión de obligado cumplimiento ¿O es que alguien cree, que si fueran los hombres los que dieran a luz, la epidural no se proporcionaría a todas horas del día y de la noche?

Saber es poder

Por primera vez se publicará en la web de la Casa Blanca una lista con los nombres de todos los visitantes que reciba el Presidente de los Estados Unidos. Esto – que en España nos suena tan raro – lo ha conseguido la organización privada «Ciudadanos para la Responsabilidad y la ética en Washington». Buscan hacer la Administración lo más abierta y transparente posible ofreciendo más luz sobre los negocios que se realizan dentro de la Casa Blanca y más información sobre los «lobbys» que puedan presionar al gobierno teniendo en cuenta su nivel de visitas.

Las sociedades anglosajonas van un paso por delante de nosotros en cuanto a fortaleza de la sociedad civil se refiere. Propician la libre asociación de ciudadanos para defenderse del “Poder” con mayúsculas. La sociedad se hace más democrática si se obliga a establecer mecanismos de control como lo son estas asociaciones vigilantes que alertan ante las injusticias y los abusos del poder.

Al leer la noticia intento ponerme en el lugar de Obama. Me doy cuenta que aunque sea el presidente del país más poderoso del planeta, tendrá que rendir cuentas a los ciudadanos sobre quién le visita. A Obama se le respeta pero no se le rinde pleitesía. Nuestros cargos públicos, en cambio, tienen un poder presidencial absoluto. Lo más lamentable del asunto es que a nuestra sociedad civil ni se le ha ocurrido ejercer un contrapeso independiente y un control efectivo del poder. En su lugar aquí prima el clientelismo y el amiguismo.

Podemos y debemos estar informados de lo que hacen los que nos representan. Otro gallo cantaría si los ciudadanos hubiésemos sabido, por ejemplo, con que promotores se reunían los alcaldes que aprobaban los planes urbanísticos que han destrozado de manera irrecuperable gran parte de nuestro litoral.

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