Archive - enero 2011

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Respuestas complejas
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La crisis no la trae el viento
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Listas abiertas

Respuestas complejas

ESTE fin de semana fui a Madrid a un congreso de Los Verdes. Queremos encontrar respuestas sencillas ante problemas complejos. Por eso existe una opinión generalizada de que la política verde se ciñe única o principalmente a temas de medio ambiente. Nada más lejos de la realidad. Si así fuera, bastaría con introducir una componente de defensa del medio ambiente en los partidos tradicionales.
Efectivamente, las nuevas teorías en relación a la ecología política plantean siempre su transversalidad. Es aplicable al medio ambiente sí, pero también a la salud, a la economía, a la agricultura, al comercio, a la organización administrativa e incluso a servicios sociales. A lo largo del fin de semana, alcaldes verdes de otros países venían a contarnos su experiencia de gobierno. El público les hizo preguntas, y una me llamo especialmente la atención.
—¿En que podría diferenciarse un alcalde socialista y otro ecologista en materia de servicios sociales?, le espetó, con cierta sorna, un asistente a uno de los ponentes que encabeza la alcaldía de un municipio francés.
—Muy fácil, le respondió este último. Si tenemos una partida presupuestaria que está destinada a cubrir gastos de calefacción, un socialista la destinaría a subsidios a las personas que no tengan recursos económicos suficientes para poder pagarla, y un ecologista, preferiría que el dinero se invirtiera en aislamiento de la vivienda.
Lo que está planteando la ecología política en este momento no son respuestas fáciles, sino respuestas complejas a problemas complejos. ¿Cuál es la finalidad de la economía? ¿Cuál es la finalidad de nuestro destino? ¿Crecer indefinidamente a toda costa a pesar de que los recursos sean limitados? ¿Cómo podemos reinventar nuestra forma de viajar, de vestirnos, de cultivar y de vivir? Vaya reto más complejo, pero ¡qué apasionante!

La crisis no la trae el viento

Publicación original (ABC)

LA mayoría de la gente conoce a mi padre, Eduard Punset, en su faceta de divulgador científico y escritor.

Pero hubo otra vida, hace más de veinte años, en la que fue un reputado político que lideraba una formación, FORO, que decía cosas como estas: «La crisis no la trae el viento. La crisis es lo que se ha hecho mal. Tanto el Gobierno como la oposición prometen cambiar la política. «FORO defiende que da igual quien gobierne, si no se cambia la manera de hacer política. Los órganos del Estado deben estar al servicio de la sociedad, y no al de los intereses ideológicos y partidistas. La capacidad de las instituciones públicas está condicionada por el descrédito que ha generado entre los ciudadanos la impunidad de que han gozado los que han abusado del poder. La supervivencia de la economía española frente al vendaval dependerá de la capacidad de innovar de los españoles frente a sus competidores. Si se quiere, al contrario de lo que está ocurriendo ahora, que la apertura se efectúe sin traumas, hay que vincularla íntimamente a la mejora de la capacidad de los españoles para generar puestos de trabajo, a la reforma de la enseñanza, a la renovación política mediante listas abiertas y a la protección del medio ambiente con el común denominador en todos estos ámbitos, de una mayor participación ciudadana. El nuevo estado de cosas que la gente reclama es posible, pero exige una nueva cultura que fomente la convicción de que los problemas no son ideológicos, sino lógicos; que no existen soluciones instantáneas, sino transformaciones que requieren tiempo y participación; que no basta con cambiar de una política socialista a una política conservadora, sino que hay que cambiar la forma de hacer política. No hay que situarse en la derecha o la izquierda, sino delante».
¿No les parece actual?

Listas abiertas

Publicación original (ABC)

La ley Electoral se ha convertido hoy en uno de los más formidables obstáculos para la innovación política y para la modernidad democrática en España. Esa ley es un auténtico candado guardián del mantenimiento de la situación de corrupción política en que estamos.

Si no cambiamos la Ley Electoral, tendremos que decir adiós a cualquier cambio liberador, a ver cómo nuestra vida política sigue fosilizándose por la acción concurrente de las oligarquías en que se han convertido los aparatos de los partidos políticos instalados. Con listas abiertas, cada elector podría componer su lista con los candidatos de su elección y los partidos perderían poder entre sus propios miembros, pues ya no decidirían quién va a ser elegido.

Con listas abiertas, se establecen las condiciones para ejercitar en la práctica parlamentaria el voto en conciencia, como ya ocurre ahora en los países más democráticos. Con listas cerradas pervive el voto de obediencia, mediante instrucciones, ajeno a ningún medio de razonamiento o persuasión. La pérdida de poder que esto significaría para los partidos políticos no sólo es buena y deseable, es indispensable para la recuperación de ese poder, que les fue usurpado en su día, a los ciudadanos.

¿Se opone alguien a este cambio en la Ley electoral? Personalmente no he hablado con nadie sobre este tema que cuestione la utilidad de los cambios apuntados. Pero alguien habrá en contra porque los que pueden cambiarlo, los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, no lo hacen. Si hiciéramos esta pregunta en referéndum, apuesto a que ganaría el «Sí» por goleada. Es un cambio factible y necesario para hacer que la democracia sea real, para quitar el poder abusivo a las instituciones y que les sea devuelto a los ciudadanos. En lugar de frases grandilocuentes meramente retóricas, bastaría con ponerse modestamente, manos a la obra.

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