Category - Columnas de opinion

1
La política ‘macho men’
2
Viajar en primera
3
¿De quién es la hora?

La política ‘macho men’

Artículo original (18/01/2015)

Son tantos años de patriarcado, que algunos siguen viendo la política únicamente bajo el prisma de la testosterona. Lo digo por alguna columna de opinión que afirma: «se necesita como President de la Generalitat Valenciana a un líder con autoridad» que llegado el caso, pueda influir en el voto de otros diputados para que antepongan los intereses valencianos a los del resto de ciudadanos de nuestro país.

¿A qué candidato fantasma se refiere? ¿A Fabra tal vez, que cada vez que ha ido a Madrid a exigir mejor financiación ha vuelto escaldado? ¿Al partido de Mónica Oltra, cuyo representante en Madrid necesita montar números estrafalarios en el Congreso para acaparar su minuto de gloria en el telediario? ¿O quizás a ese influyente y eterno diputado en la oposición que ha sido Ximo Puig? Debe ser que a todos les falta «autoridad» o que no existe ni existirá ningún político que imponga, con perdón, al estilo «macho men, por huevos», su autoridad. A los hechos me remito. El Presidente Francois Hollande amenazó con hacerlo a Merkel, y todavía no hemos tenido noticias de que Francia se haya comido el mundo, más bien al contrario, su descrédito ha ido en aumento, precisamente, por no ser capaz de negociar ninguna mejora para su país.
Son demasiados años de falta de democracia los que ha habido en España, demasiados años de falta de libertad que hacen que a algunos les cueste entender que la democracia es precisamente todo lo contrario a imponer soluciones unilaterales. La autoridad sólo se impone, y cuando hay suerte, y pocas veces, de padres a hijos. Por lo demás, en política, lo que hace falta es olvidarse del interés particular y negociar, acordar y consensuar en beneficio del interés general.
Hay quien está deseando que un líder con autoridad defienda los intereses de los valencianos por encima de los de cualquier otro español. Por el contrario, yo y otros muchos valencianos, hartos de la insolidaridad de los nacionalismos periféricos, estamos deseando que por fin, un President de la Generalitat Valenciana, vaya a Madrid a negociar, y en lugar de decir ¿qué hay de lo mío?, diga: ¿Qué hay de lo nuestro?.
Carolina Punset es concejala en activo del Ayuntamiento de Altea (2006-2015) y teniente de alcalde. Es portavoz de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana.

Viajar en primera

Que Artur Mas viajase en clase turista en lugar de en primera fue noticia. Su primer espada, Oriol Pujol, declaraba a los periódicos que volar de Barcelona a Madrid renunciando a ese privilegio era una muestra más de la voluntad de austeridad. En vuelos nacionales, la única diferencia entre primera y segunda clase está en la cortinilla que separa tu status de privilegiado de la “plebe” de atrás. Por estar sentado en el mismo asiento, te cobran tres veces más. Me quedé anonadada de que se pudiera presumir de algo semejante, pero no le di mayor importancia hasta que el tema volvió a salir.

A los pocos días de esa noticia, me encontré con un eurodiputado francés que volvía de Bruselas. Comiendo con él, me comentó lo siguiente:

– ¿Sabes que la Unión Europea nos paga todos los desplazamientos siempre en primera clase?
– De verdad? Le contesté asombrada, recordando de repente el incidente de Mas y Pujol.
– Si, ahora por ejemplo, vamos 50 eurodiputados al Foro Social de Senegal y todos con billete de primera. Pero no solo este viaje, ¡absolutamente todos los que hagamos! Exclamo.

Me explicó que a él le daba vergüenza ajena que los contribuyentes sufragarán ese lujo innecesario. Un día intentó comprar billetes de clase turista, pero lo único que consiguió fue una buena reprimenda por parte de los servicios administrativos del Parlamento Europeo. Por lo visto el sistema informático no admite billetes de segunda, y se negaban a reembolsarle el dinero del viaje si compraba turista.

El billete de Mas y el resto de los políticos españoles lo pagamos todos nosotros que somos los que financiamos con nuestros impuestos los partidos políticos. ¿Pretenderán que les demos las gracias por no sangrarnos?

¿De quién es la hora?

Doy clases de gimnasia con una profesora rusa. Suele dejar la televisión encendida, sin sonido, mientras hacemos abdominales. El otro día apareció Medvedev en el telediario y me dijo:

– El Presidente ha dicho que Rusia cambiará por última vez la hora en verano. En otoño no lo hará porque la necesidad de adaptarse provoca enfermedades y estrés.

– ¿Ah, sí? Le respondí sorprendida. ¿Es seguro? Me extraña que renuncien al ahorro de dinero que supone el cambio de hora.

– Si lo ha dicho el Presidente, ¡así se hará! me espetó indignada por mis dudas acerca de la palabra de su Presidente.

El cambio de hora comenzó a generalizarse a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz del sol y consumir así menos electricidad en iluminación. Cogieron como excusa esa crisis, y desde el año 2001, la medida se aplica con carácter indefinido por ley.

Según estimaciones del Ministerio de Industria, el ahorro en iluminación para nuestro país es de más de 60 millones de euros. Aunque a nivel particular la cifra suena impresionante, lo cierto es que es irrisoria en comparación con los presupuestos que se manejan a nivel estatal. Solo por poner un ejemplo, en el último Plan E del año 2010, el Estado ha gastado casi el doble, 100 millones de euros en ayudas a particulares para compra de coches.

Hay derechos que no son de los Estados sino de los individuos. La hora es una de ellos. Derechos inalienables que no deberíamos dejar en manos de nadie. Derecho a la luz del día, a la oscuridad de la noche, al descanso apacible de nuestros niños y ancianos. La hora es nuestra, no del Estado.

Copyright © 2019 All Rights Reserved - Powered by La web lúcida