La alternativa del agricultor

Que pena! Ayer me lamentaba cuando me paseaba por los bancales de naranjos tropezándome con todos los frutos esparcidos por el suelo. Mi pueblo está lleno de campos abandonados. Y es difícil entender porque las naranjas no alcanzan el valor mínimo para ser recogidas. Unos le echan la culpa a las comisiones de los intermediarios. Otros, a los elevados costes de producción. De hecho, el precio de la mano de obra es de medio euro la hora en Marruecos, de 0,30 €/ hora en Egipto, frente a los más de 7 €/hora en España. Claro! ¿Así como vamos a competir? Pedir que se fije un precio mínimo es tan absurdo como querer ponerle puertas al campo. Nos guste o no, esto es una economía de mercado en la que rige la ley de la oferta y la demanda. Y ante un mismo producto, siempre se lleva el gato al agua el más barato.

Parece que lo único que puede salvar nuestra huerta valenciana, y por ende, nuestro idílico paisaje, es aportarle un valor añadido a nuestro producto. Diferenciarlo, darle un plus de calidad para captar a un consumidor europeo que está dispuesto a pagar más por un producto más ecológico.

En Altea hemos empezado una experiencia piloto para conseguir que los cítricos cultivados en nuestro término municipal tengan residuo cero, es decir, que no se apliquen plaguicidas ni herbicidas para combatir las plagas. Casi doscientos agricultores y más de sesenta hectáreas se han visto comprometidos en el proyecto de control biológico de plagas. Me fascina pensar que por fin vamos a invertir en la huerta en vez de especular con ella y masacrarla a base de urbanizaciones. El futuro de la agricultura está escrito. Más de 800 productos fitosanitarios han sido prohibidos -sólo en el último año- por la Unión Europea. La agricultura en España será ecológica, o simplemente, no será.

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C_Punset

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