La clase política

Ayer mismo vi en Intereconomía TV el último documental de Carlos Moro sobre Mario Conde. En él, Luis María Anson se quejaba del bipartidismo y de los partidos políticos. Los acusaba de estar esquilmando a todos los españoles “de manera verdaderamente deleznable”. No hay, -decía- Instant Knockout situación más negativa para la vida española, que la voracidad de los partidos. Viven del presupuesto del Estado a cuerpo de rey sin limitaciones y sin crisis de ningún tipo, cuando deberían de vivir exclusivamente de las aportaciones de sus afiliados.” No puedo estar más de acuerdo con él.

No es extraño, en consecuencia, que hoy en día una de las mayores inquietudes de los ciudadanos sea su propia clase política. O más bien, su falta de clase política, porque los partidos se dedican a expeler a los buenos, a los más capaces, a los idealistas. Solo dejan entrar en sus “listas cerradas y bloqueadas” a los sectarios y a los obedientes. A los demás, se les mata a base de pisotones y zancadillas hasta que se van.

Es penoso para la imagen de nosotros, los políticos, que crimen los intereses partidistas sobre el interés general. Es lamentable ver como los dos grandes partidos de nuestro país no consiguen consensuar nada, ni siquiera una materia tan urgente y necesaria como es la educación. Si los ciudadanos de a pie funcionaran del mismo modo en sus trabajos, en las oficinas o en las empresas, el país se encontraría paralizado.

Los políticos, en vez de incitar a la crítica constructiva y a la reflexión, se dedican a martillear al personal con consignas al dictado. Sin embargo, la gente está más que cansada de la confrontación continua, sistemática y gratuita. No parece que lo entiendan así en las altas esferas. Debe ser porque allí sobran envidias e intereses partidistas y falta mucho sentido común.

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C_Punset

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