La hora del café

Quince años……, quince años trabajando con los juzgados me bastaron para aborrecer “la hora del café” de los funcionarios. Durante ese horario – ya de por sí restringido porque solo trabajan por la mañana – llegas con mucha prisa a las 10 o las 11 y de manera sistemática te dicen:

“Vaya, pues su asunto lo lleva mi compañero y ha salido a tomar café, vuelva usted dentro de media hora más o menos” ¡Y la media hora suele convertirse en tres cuartos! He escuchado demasiadas veces esa frase que me ha hecho perder mucho tiempo. Cada vez que la oigo me cuesta horrores contener la ira. Escenifica un derecho institucionalizado por convenio sindical impensable en un sector que aspire a ser mínimamente eficiente y productivo.

En primer lugar, cuando el trabajo no es físico, no ha lugar a almuerzos de tres cuartos de hora para descansar. ¿Descansar de qué? Lo más sensato sería tomar un café de la máquina del despacho para poder atender al público en todo momento.
En segundo lugar, un servicio público, si pretende atender correctamente al ciudadano, debería organizar el trabajo de manera que se atienda “siempre” al ciudadano. A ninguna empresa privada del mundo se le ocurre echar al cliente a la calle y decirle que vuelva más tarde.

No soy partidaria de poner verde a los funcionarios porque conozco a demasiados que trabajan dignamente como servidores públicos, atendiendo lo mejor que pueden a cualquier vecino. El mal no reside en ellos como personas sino que está en el sistema. Ese sistema que mantiene en su puesto laboral de por vida cobrando lo mismo y sin evaluación de sus tareas, tanto el que se esfuerza, como al vago que se escaquea “cuanto más mejor”. Eso desmotiva al más entusiasta y es, básicamente, el mismo régimen de trabajo que condujo al fracaso a las ex -Repúblicas Soviéticas.

About the author

C_Punset

Copyright © 2019 All Rights Reserved - Powered by La web lúcida