La otra Iglesia

CUANDO te mueras, ¿vas a pedir que te quemen o que te entierren?, le pregunté al Hermano Gastón. Aunque me da igual, que me entierren, contestó, porque sino todo el mundo me acusaría de haberme convertido al hinduismo. Pero quiero que me entierren aquí, en la misión, junto a los pobres, no en el cementerio, donde el obispo no admite a los que se han suicidado, ni a los parias sin nombre ni familia que vagan abandonados por las calles y a los que he dedicado toda mi vida. Así respondía Gastón, un misionero de origen suizo que lleva más de cuarenta anos en la India.

Dice que es hijo de la Iglesia pero que no esta aquí por la religión sino por amor al hombre. De hecho, con él rezan a Jesús solo unos pocos, los demás siguen con sus propios ritos, pero eso no parece preocuparle en absoluto. Condena vehementemente los casos de pederastia y su encubrimiento, pero asegura que eso no le hará renunciar a creer en Dios y a seguir intentando cambiar desde dentro la institución de la que se siente parte. Se muestra tolerante con todas las debilidades y respetuoso con las diferencias. Dice que al mundo no le hacen falta una lista de dogmas y pecados, que esa no es su iglesia, que la cosa es más sencilla, que las personas necesitan oír que son dignas de ser queridas, que Él los ama, que Dios los ama con independencia de lo que hagan o de sus circunstancias.

Mientras observo a los niños, tullidos y enfermos mentales del centro, vuelven a mi mente las imágenes de los medios de comunicación, que solo difunden noticias de la la curia apostólica y romana con la que a mucha gente le cuesta comulgar. Existe otra Iglesia diferente, una que nunca sale en la televisión, que además es mayoría, que apenas tiene voz pero sí mucho valor; son miles de héroes y heroínas anónimos que viven según el evangelio, con una única misión de paz y amor.

About the author

C_Punset

Copyright © 2019 All Rights Reserved - Powered by La web lúcida