La paridad

Publicación original (ABC) el 1 de diciembre de 2010

Me presento a las próximas elecciones municipales de mayo del 2011 con un partido de ciudadanos independientes de mi municipio, Altea. La ley de paridad electoral nos obliga a presentar el mismo número de hombres que de mujeres en las listas electorales. Es una forma de garantizar que estas últimas estén representadas en la proporción que les corresponde, el cincuenta por ciento.

Mucha gente considera inapropiado forzar las cosas porque aducen que las mujeres tienen que llegar «por sus propios méritos», sin tener en cuenta que, teniéndolos, y siendo en muchas ocasiones más capaces, el problema es que no pueden llegar a los puestos que les corresponden porque existe un techo de cristal en todos los ámbitos sociales y profesionales: Sólo un 7% de mujeres llegan a ser miembros de tribunales de justicia de alto escalafón y tan solo un 3% presidentes de grandes empresas.

Si no existiera esta ley los parlamentos y municipios se despoblarían de mujeres. En la civilizada Francia solo hay un 12%, pero es que en Inglaterra tan solo un 18% y en Italia un 11%. Por tanto, parece una ley necesaria porque acelera un proceso de integración, ya que si lo dejásemos fluir de forma natural, se produciría mucho más tarde. El cambio de mentalidad es lento, y no debemos permitir que se pierdan generaciones enteras de talento femenino.

Ahora bien, en mi caso particular, esta ley nos perjudica mucho porque toda nuestra lista electoral la componen mujeres. Debido a esta ley, que impone contar con un 50% de hombres, tendré que renunciar a la mitad de ellas. Aún así, sigo apostando por ella porque no es más que la excepción que confirma la regla. En el resto de partidos políticos, la tendencia, si no existiera, sería la de siempre, una presencia testimonial del género femenino.

About the author

C_Punset

Copyright © 2019 All Rights Reserved - Powered by La web lúcida