La trampa de la TDT

Es la una de la madrugada. Mañana trabajo y me levanto a las siete, pero hace dos horas que sigo pulsando mecánicamente el mando a distancia del televisor para cambiar de cadena. Nada me interesa realmente, pero entre los veinticinco canales siempre hay una voz, un nombre o una imagen atractiva que hace que te detengas súbitamente. ¿Me estaré perdiendo algo importante?

De repente caigo en la cuenta que estoy matando el tiempo de mala manera, que mañana estaré muerta de sueño. Saco fuerzas de flaqueza y por fin apago. Tengo la seguridad de que no he visto nada interesante.

Esto no me pasaba antes del cambio a la Televisión Digital Terrestre. Sencillamente no encendía la tele porque estaba convencida que la programación era lamentable. Leía mucho más, prácticamente todas las noches. La TDT generó unas expectativas ilusionantes. Todos pensamos que quizás mejoraría la programación. De repente, como todos, caí en la trampa, y me gasté el dinero en antenas y aparatos receptores para tener en casa veinticinco canales en lugar de siete. Eso, que en principio podría parecer una ventaja, hace que aumente el tiempo que perdemos delante de la caja tonta. Se estima que cada español se pasa unas cuatro horas al día de media delante de la tele. De las cuales, una hora haciendo zapping y otra más embelesados con los anuncios publicitarios.

Yo, menos mal, nunca he cumplido con esta media aberrante gracias a los libros. Pero debo reconocer, para mi vergüenza, que hace un mes que tenía abandonadas cuatro obras en mi mesita de noche en pos del lamentable zapping. Eso sí, la tontería tiene un límite. Teniendo en cuenta que más cantidad no ha dado más calidad, ayer mismo he vuelto a mis buenas y viejas costumbres. ¡Viva los libros!.

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C_Punset

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