Mi música

MI suegra, que tiene más de setenta años, sabe manejar el móvil de milagro. Apenas alcanza a encenderlo pero no le pidas que lea los mensajes porque es incapaz. Me contaba que hizo venir al técnico para arreglar el proyector de «dvd» porque no funcionaba. Al llegar, el señor solo tuvo que enchufar el aparato para que volviera a ponerse en marcha. Mi suegra, con su característico sentido del humor, se reía porque acepta sin ningún tipo de pudor que ha renunciado por anticipado a entender cualquier nueva tecnología.

Debo reconocer, que si yo tuviera más de setenta años, seguramente también me declararía en huelga, pero como solo tengo 39 no puedo hacerlo todavía. Por eso me esfuerzo por entender, a pesar del rechazo que me produce, todo lo relacionado con el ordenador, sin el cual no podría trabajar hoy en día. También controlo, más o menos, el funcionamiento de móviles, faxes, escáneres, impresoras, cámaras de fotografía digital, y otros engendros modernos con los que el mercado nos abruma. Sin embargo, hay algo en lo que me he quedado atrás por falta de tiempo, la música.

Cuando era adolescente me acompañaba todo el día el tocadiscos. Tenía una buena colección de ópera que podía disfrutar con solo posar el brazo del aparato sobre el plato del disco. Cualquiera podía entender el sistema y lo mismo ocurría con el «casete» porque bastaba con dominar tres botones: «Stop», «play» y «rec», y la música estaba al alcance de cualquiera. Ahora, en cambio, la cosa se ha puesto complicada. Los mp3 suponen una inversión de tiempo que requiere más conocimientos tecnológicos que por ahora no tengo. Sé que es fácil (no para de repetírmelo mi hija), pero llevo diez años pensándome si hacer o no el esfuerzo y seguro que cuando por fin me decida, van y me lo cambian.

About the author

C_Punset

Copyright © 2019 All Rights Reserved - Powered by La web lúcida