Parto con dolor

Alicia es una gran amiga rematadamente inteligente que está embarazada de cinco meses.

Le pregunté que donde iba a dar a luz y me respondió que en el Hospital de Villajoyosa de la provincia de Alicante. Cuando quise tranquilizarla sobre lo indoloros que resultan los partos de hoy en día me respondió desconcertada : «¡Eso dependerá de la hora!». «¿Cómo que dependerá de la hora?» Interpelé.

«Que sí, que solo ponen anestesia epidural de ocho de la mañana a nueve de la noche», me contestó. Al principio creí que era una broma, pero resultó ser cierto. Aún peor, descubrí que en otros hospitales como el de Elche, las mujeres parturientas solo pueden dar a luz sin padecimientos innecesarios unas cuatro horas al día. Las demás, a parir con dolor como Dios manda. Y todo esto, con la complacencia y el beneplácito de toda nuestra sociedad y de las propias mujeres que no montan -y deberían- una revolución a las puertas del hospital.

Hay montañas que resultan difíciles de escalar. Problemas tan enquistados y endémicos, que nos abruman y no sabemos por donde empezar para darles solución. Todo el mundo entiende que resulta complicado superar el hecho de que, constituyendo las mujeres la mitad de la población mundial, recibamos únicamente una décima parte de su renta y seamos propietarias de menos del 1% de los bienes. Tampoco es fácil resolver, por ejemplo, que la mayor parte de las personas pobres, hambrientas y analfabetas del planeta, sean mujeres y niñas.

Lo que ya no podemos ni debemos aceptar es que no se resuelvan problemas abordables en el día a día de un hospital de un país occidental. Suministrar anestesia a quién tiene dolor debería ser una cuestión de obligado cumplimiento ¿O es que alguien cree, que si fueran los hombres los que dieran a luz, la epidural no se proporcionaría a todas horas del día y de la noche?

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C_Punset

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